sábado, 6 de marzo de 2010

Técnicas del yoga



M. Eliade, Técnicas del yoga, Ed. Kairós, pp. 194-195:

«La manipulación de lo sagrado es, en sí misma, una operación ambivalente, principalmente en el sentido en que sep uede experimentar lo sagrado y obtener resultados, ya sea en el plano religioso o en el mágico, sin que el manipulador sea necesariamente muy consciente de lo que está haciendo: un acto de culto o una operación mágica. La experiencia de lo sagrado es también ambivalente: por una parte, revela al ser humano fuerzas y personas que le trascienden, que siente que su existencia depende de ellas, que le protejen o le persiguen, con las que se ha de comportar con "temor y temblor", etc. y por otra le revela que las posibilidades que se le abren las puede atribuir igualmente a su propia "ciencia" y habilidad.

»Las prácticas yóguicas también participan de esta ambivalencia, pues si es el Yoga el que desapega al ser humano del Cosmos, lo "desata", enseñándole la manera de utilizar sus propias fuerzas, el Yoga es también el que "ata" al ser humano a Dios preparándole para la unio mystica. Es fácil ver el conflicto entre la "magia" y la "religión" en el interior mismo de las prácticas yóguicas. Es fácil, por ejemplo, identificar la magia dominante en el Patañjala-Yoga e incluso en las técnicas meditativas budistas, y dilucidar igualmente la estructura mística del Yoga vishnuista (la Bhagavad-Gita). La conquista por sus propios medios de la autonomía espiritual se desprende de una actitud mágica. Igualmente mágicos son los "poderes" (siddhis) que adquiere el yogui mediante sus propias ascesis, meditación o habilidad. Ahora bien, hemos visto que ciertas tradiciones indias (el Buddha, en primer lugar) no dejan de luchar contra la tentación de la magia, de los siddhis. Los "poderes" retienen al yogui en el mundo, le dispersan hacia lo externo, ralentizan considerablemente su proceso de liberación. La carencia o la presencia de una divinidad personal (istadevata), fuente de experiencia religiosa viva, basta para distinguir, al menos a grandes rasgos, las dos clases de Yoga. Esto, añadiremos, no sucede siempre, pues en el tantrismo, por ejemplo, coexisten las dos estructuras; la "magia", la fuerza del rito, no excluye a la "mística", la conexión con una divinidad.»

viernes, 5 de marzo de 2010

El secreto del Veda (3)

Sri Aurobindo, El secreto del Veda, tomo I, ed. Fundación Aurobindo Barcelona, p. 74:
«O, más aún, ¿cómo recordad al que escuchaba, que todos estos dioses no son sino personificaciones diferentes del Deva único y universal? El propio sentido de las palabras védicas indicaba claramente que se trataba de epítetos, calificativos, términos descriptivos, pero no denominaciones personales. Mitra era el Deva en tanto que Amor y Armonía, Bhaga en tanto que Señor de la Alegría, Surya el Señor de Iluminación, Varuna el Testigo que todo lo penetra y la Pureza del Deva que sostiene y perfecciona el mundo. "El existente es Uno -dice el rishi Dirghatamas- pero los sabios lo expresan en forams diversas; dicen Indra, Varuna, Mitra; le llaman Agni, Yama, Matarishvan"»

jueves, 4 de marzo de 2010

Cosmos y psique (4)

(Saturno en infrarojos, Hubble, http://hubblesite.org/gallery/album/pr1998018a)
Richard Tarnas, Cosmos y psique, Ed. Atalanta, pp, 702-703:
«En todo ámbito de investigación, un paradigma adecuado revela patrones de relaciones coherentes allí donde de otro modo sólo habría coincidencias inexplicables debidas al azar. Según la famosa observación del físico y filósofo de la ciencia P. W. Bridgman, las "coincidencias" son lo que queda después de aplicar una mala teoría. En el curso de las tres décadas durante las cuales he examinado correlaciones entre movimientos planetarios y patrones de actividades humanas he comprobado que esas "coincidencias", evidentes en los datos, eran demasiado numerosas, demasiado sistemáticamente coherentes con los principios arquetípicos correspondientes y demasiado sugerentes del funcionamiento de alguna forma de compleja inteligencia creativa, como para dar por supuesto que se trataba de anomalías casuales carentes de significado. Las palabras de Platón en su último diálogo, Las leyes, cuando critica la desencantada cosmología mecanicista de los físicos y los filósofos sofistas del siglo anterior, me parecen ahora misteriosamente proféticas:
»"La verdad es exactamente lo contrario de la opinión otrora predomiante entre los hombres, según la cual el sol y las estrellas no tienen alma... Con semejante cortedad de visión, todos los elementos móviles del cielo les parecían meramente piedras, tierra y otros cuerpos sin alma, aunque son los que proveen las fuentes del orden del mundo".
»Sin embargo, los datos de los que hoy disponemos sugieren que lo que Platón llamaba "orden del mundo" es un tipo especial de orden. Los indicios señalan un principio de ordenamiento cósmico cuya combinación de cocreatividad participativa, complejidad polivalente e indeterminación dinámica no era del todo comprensible para la visión antigua, ni siquiera para una visión tan compleja y penetrante como la de Platón. La relación entre el despliegue de las realidades de la vida humana y un orden arquetípico dinámico que se refleja en los movimientos planetarios parece más fluida y compleja, más creativamente imprevisible y más sensible a la intención y las cualidades de la conciencia o inconsciencia humanas que la que se expresaba en la tradición clásica.»

miércoles, 3 de marzo de 2010

La tempestad, W. Shakespeare (4)

W. Shakespeare, La tempestad, «Introducción de Giorgio Melchiori», p. 23:

«Su magia, su arte, no es sino una reflexión sobre el arte y sobre el arte del dramaturgo -el arte de quien, a través de la ficción escénica, asume para sí la tarea de manipular y dirigir el mundo de los sentimientos humanos. En este sentido The Tempest es realmente metateatro, teatro que reflexiona sobre sí mismo, que explora y revela sus posibilidades expresivas y los medios y trucos (la propia magia) con que éstas se realizan.»


W. Shakespeare, La tempestad, «Introducción de Giorgio Melchiori», p. 23:

«Metateatro, pues, y también psicodrama, todo jugado sobre una serie de sugerencias que inducen a los personajes a autorrevelarse y a la vez a reconocerse todos como parte de una inteligencias más amplia que los incluye, parte del diseño con el que el mago-dramaturgo se explica a sí mismo.»

martes, 2 de marzo de 2010

La tempestad, W. Shakespeare (3)

W. Shakespeare, La tempestad, trad. M.A. Conejero Dionís-Bayer y Jenaro Talens, Ed. Cátedra, pp. 111-113:

«(Próspero)

(...) Y yo, Próspero, era

entre los duques el primero y el de más reputación

y dignidad, y sin rival algno en el estudio de las artes...

a las que dediqué todo mi afán. Yo dejé en sus manos (de su hermano)

el peso del gobierno, mientras poco a poco me convertía

en un intruso de mi propio Estado; tal era el éxtasis

que sentía por las ciencias de lo oculto...»

(Hogarth, basado en una escena de La tempestad)

W. Shakespeare, La tempestad, trad. M. A. Conejero Dionís-Bayer y Jenaro Talens, Ed. Cátedra, p. 115:

«(Próspero)
Yo, ajeno a asuntos mundanos por dedicarme
en mi soledad a la elevación de mi espíritu -grande
era mi recogimiento- con estudios que me alejaban
del favor del pueblo, desperté en mi pérfido hermano

los más viles instintos»
(Waterhouse, Miranda)

W. Shakespeare, La tempestad, trad. M.A. Conejero Dionís-Bayer y Jenaro Talens, Ed. Cátedra, p. 125:

«(Próspero)

Por un raro accidente, mi fiel amiga hoy,

la generosa Fortuna, ha traído a mis enemigos

a esta orilla; y yo que leo el futuro

sé que mi cenit depende del auspicio de una estrella

y si no busco con halagos su influencia, si no la busco,

me abandonará mi suerte.»

(Millais, Fernando tentando por Ariel)

W. Shakespeare, La tempestad, trad. M.A. Conejero Dionís-Bayer y Jenaro Talens, Ed. Cátedra, pp. 353-355:

«(Próspero)

Me parece, hijo mío, que algo os perturba

como si algo temierais. Alegraos, señor,

que ya terminó la fiesta. Los actores,

como ya os dije, eran espíritus y se desvanecieron

en el aire, en la levedad del aire.

Y de igual manera, la efímera obra de esta visión,

las altas torres que las nubes tocan, los palacios espléndidos,

los templos solemnes, el inmenso globo,

y todo lo que en él habita, se disolverá;

y tal como ocurre en esta vana ficción

desaparecerán sin dejar humo ni estela. Estamos hechos

de la misma materia que los sueños, y nuestra pequeña

vida cierra su círculo con un sueño»

lunes, 1 de marzo de 2010

La tempestad, de W. Shakespeare (2)

W. Shakespeara, La tempestad, «Introducción de Giorgio Melchiori», Ed. Cátedra, pp. 20-22:
«"Art" es otra de las palabras clave de The tempest, quizá la más importante, en relación dialéctica con aquella "Natura" que domina el tejido verbal de Lear. Por "art" se entendía el arte de la magia, pero el término cubría todas las actividades intelectuales tendentes a la superación de la condición natural del hombre. Próspero se reprueba por haberse dejado absorber en demasía por el arte, pero reconoce luego que ha sido precisamente éste, en conjunción con la naturaleza de la isla y con sus fuerzas misteriosas representadas por Áriel y Cáliban, el que le ha permitido servirse de ambos y convertirse en señor absoluto, dueño de una nueva dimensión, en tanto que la isla es un universo en sí, fuera y por encima del mundo natural»

Shakespeare

Frances A. Yates, Giordano Bruno y la tradición hermética, Ed. Ariel filosofía:
«Estas imágenes de alabanza al amor son pronunciadas por el homónimo de Giordano Bruno, Berowne, en la comedia de Shakespeare Trabajos de amor perdidos. Una larga serie de autores, entre ellos yo misma, han sostenido que el personaje de Berowne es un eco de la estancia de Bruno en Inglaterra, pero ninguno de nosotros ha sabido qué buscar en tal comedia al no comprender en absoluto sobre qué tema podría estar hablando Bruno. Ahora me parece absolutamente claro que el discurso de Berowne sobre el amor hace referencia muy concreta al Spaccio della bestia trionfante, donde todos los dioes, en una de las constelaciones, se deshacen en alabanzas al amor. (...)
»Se impone, pues, un modo radicalmente nuevo de afrontar el problema de Bruno y Shakespeare. El problema es de una ntable complejidad y debe comportar el estudio, en relación con Bruno, de la profunda preocupación shakesperiana por emplear un lenguaje significativo, un lenguaje capaz de "apresar las voces de los dioses" -para usar una maravillosa expresión bruniana- que contrastara con el uso pedantesco y vacío del lenguaje. La imaginación de Shakespeare está preñada de caracteres mágicos, que muy a menudo parecen convertirse en vehículo de soluciones imaginativas a los problemas del mundo. ¿Acaso no fue Shakespeare quien creó la fiugra de Próspero, el inmortal mago benéfico fundador de un estado ideal? (Nota: se ha querido ver en Próspero una representación de la persona de John Dee. Tal vez sea cierto, pero tal como ya se ha indicado Dee y Bruno son dos variaciones sobre el tema renacentista de la magia y la cábala.) ¿Hasta qué punto la cncepción shakesperiana del papel del mago es deudora de la reformulación de Bruno acerca de tal cometido en relación a las desdichas de los tiempos presentes?»