David Grossman, Véase: amor, pp. 162-163:
lunes, 22 de agosto de 2011
Véase: amor, D. Grossman (2)
David Grossman, Véase: amor, pp. 162-163:
sábado, 20 de agosto de 2011
Véase: amor, David Grossman
lunes, 13 de junio de 2011
El hombre de la arena y otras historias siniestras, E.T.A. Hoffamann
«(...) Cuando se aspira a alcanr lo más alto, no la sensualidad de la carne, como Tiziano, no, sino lo más alto de la divina Naturaleza, el fuego de Prometeo en los hombres... ¡Señor, Señor!... se encuentra uno al borde del precipicio, sobre un finísimo cable... ¡El abismo se abre a sus pies!... Sobre él planea el audaz argonauta, mas un engaño diabólico lo atrae al fondo... Allí ve lo que él quiso contemplar arriba, más allá de las estrellas. (...)
¡Qué cosa tan extraordinaria es la norma!... Todas las líneas se unen para alcanzar un propósito determinado, para producir un efecto que ha sido previsto con claridad. Sólo lo mensurable es puramente humano; lo que sobrepasa la medida trae desgracia, mal. Lo sobrehumano es cosa de Dios o del diablo; ¿acaso el hombre no debe superar a ambos en las matemáticas? ¿Acaso no es de agradecer que Dios nos haya creado expresamente para que nos ocupemos de lo que fue creado bajo normas y reglas, es decir, de lo puramente conmensurable (...)?
¡El ideal es un sueño estúpido y engañoso producido por el hervor de la sangre! ¡Fuera los botes de ahí, joven!... Voy a bajar. El diablo se divierte voviéndonos lcoos con marionetas a las que pone alas de ángel.
Sería imposible repeitr literalmente todo lo que dijo Berthold mientras pintaba y me trataba como si hubiera sido su ayudante. Continuó hablando en el mismo tono, mofándose con gran amargura de los límites de toda empresa humana. ¡Ah! El pintor parecía estar indagando en las profunidades de un espíritu herido de muerte cuyo lamento sólo pudiera expresarse con la más cortante de las ironías. Comenzaba a amanecer, el brillo de la antorcha languideció ante los nacientes rayos del sol. Berthold continuó pintando con energía y aplicación, aunque cada vez se sumía más y más en un profundo silencio, y tan sólo algunos sonidos aislados, y al final sólo algunos suspiros, se escapaban de vez en cuando de su pecho angustiado. »
miércoles, 3 de marzo de 2010
La tempestad, W. Shakespeare (4)
«Su magia, su arte, no es sino una reflexión sobre el arte y sobre el arte del dramaturgo -el arte de quien, a través de la ficción escénica, asume para sí la tarea de manipular y dirigir el mundo de los sentimientos humanos. En este sentido The Tempest es realmente metateatro, teatro que reflexiona sobre sí mismo, que explora y revela sus posibilidades expresivas y los medios y trucos (la propia magia) con que éstas se realizan.»

W. Shakespeare, La tempestad, «Introducción de Giorgio Melchiori», p. 23:
«Metateatro, pues, y también psicodrama, todo jugado sobre una serie de sugerencias que inducen a los personajes a autorrevelarse y a la vez a reconocerse todos como parte de una inteligencias más amplia que los incluye, parte del diseño con el que el mago-dramaturgo se explica a sí mismo.»
martes, 2 de marzo de 2010
La tempestad, W. Shakespeare (3)
«(Próspero)
(...) Y yo, Próspero, era
entre los duques el primero y el de más reputación
y dignidad, y sin rival algno en el estudio de las artes...
a las que dediqué todo mi afán. Yo dejé en sus manos (de su hermano)
el peso del gobierno, mientras poco a poco me convertía
en un intruso de mi propio Estado; tal era el éxtasis
que sentía por las ciencias de lo oculto...»
(Waterhouse, Miranda)W. Shakespeare, La tempestad, trad. M.A. Conejero Dionís-Bayer y Jenaro Talens, Ed. Cátedra, p. 125:
«(Próspero)
Por un raro accidente, mi fiel amiga hoy,
la generosa Fortuna, ha traído a mis enemigos
a esta orilla; y yo que leo el futuro
sé que mi cenit depende del auspicio de una estrella
y si no busco con halagos su influencia, si no la busco,
me abandonará mi suerte.»
(Millais, Fernando tentando por Ariel)
W. Shakespeare, La tempestad, trad. M.A. Conejero Dionís-Bayer y Jenaro Talens, Ed. Cátedra, pp. 353-355:
«(Próspero)
Me parece, hijo mío, que algo os perturba
como si algo temierais. Alegraos, señor,
que ya terminó la fiesta. Los actores,
como ya os dije, eran espíritus y se desvanecieron
en el aire, en la levedad del aire.
Y de igual manera, la efímera obra de esta visión,
las altas torres que las nubes tocan, los palacios espléndidos,
los templos solemnes, el inmenso globo,
y todo lo que en él habita, se disolverá;
y tal como ocurre en esta vana ficción
desaparecerán sin dejar humo ni estela. Estamos hechos
de la misma materia que los sueños, y nuestra pequeña
vida cierra su círculo con un sueño»
lunes, 1 de marzo de 2010
La tempestad, de W. Shakespeare (2)
W. Shakespeara, La tempestad, «Introducción de Giorgio Melchiori», Ed. Cátedra, pp. 20-22:«"Art" es otra de las palabras clave de The tempest, quizá la más importante, en relación dialéctica con aquella "Natura" que domina el tejido verbal de Lear. Por "art" se entendía el arte de la magia, pero el término cubría todas las actividades intelectuales tendentes a la superación de la condición natural del hombre. Próspero se reprueba por haberse dejado absorber en demasía por el arte, pero reconoce luego que ha sido precisamente éste, en conjunción con la naturaleza de la isla y con sus fuerzas misteriosas representadas por Áriel y Cáliban, el que le ha permitido servirse de ambos y convertirse en señor absoluto, dueño de una nueva dimensión, en tanto que la isla es un universo en sí, fuera y por encima del mundo natural»
Shakespeare
Frances A. Yates, Giordano Bruno y la tradición hermética, Ed. Ariel filosofía:domingo, 28 de febrero de 2010
La tempestad, de W. Shakespeare
W. Shakespeare, La tempestad, Ed. Cátedra, pp. 379-383 (traducción de Manuel Ángel Conejero Tomás-Bayer y Jenaro Talens Carmona:Próspero:
Oh, vosotros, elfos de las colinas, riachuelos, lagos
tranquilos y bosques; y vosotros, que sin dejar huella
en la eran perseguís a Neptuno cuando se retira
para huir corriendo si retorna; vosotros, duendecillos
que a la luz de la luna hacéis cercos de hierba amarga
que la oveja no quiere comer; y vosotros, que por diversión
criáis hongos nocturnos; que con gran alboroto
oís el toque de queda solemne, con cuya ayuda,
-oh débiles maestrillos- he oscurecido el sol
de mediodía, he despertados los vientos impetuosos
y desatado en guerra estruendosa el verde mar
contra la bóveda de azur; yo he prendido el fuego
del terrible trueno estrepitoso, y he astillado
el roble de Júpiter con su propio rayo; hice temblar
promontorios de base firme, y de cuajo arranqué
pinos y cedros; y a mi señal las tumbas despertaron
a los muertos y se abrieron para dejarles huir,
gracias al poder de mi arte. Yo, aquí, ahora, abjuro
de mi magia violenta. Y, cuando haya requerido
la música del cielo -tal como hago ahora-
para que sobre sus sentidos obre, según mis fines,
el melódico hechizo, romperé mi vara
para sepultarla en la tierra, bien profunda;
y a mucha más profundidad de la que pueda alcanzar
sonda alguna, sumergiré mi libro.
