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domingo, 10 de julio de 2011

La rosa secreta y Leyendas de Hanrahan el Rojo, W.B. Yeats

W.B. Yeats, La rosa secreta y Leyendas de Hdanrahan el Rojo Ed. Valdemar, pp. 39-40, nota del traductor:

«Los Sidhe son genios o duendes en la literatura popular irlandesa. En relación con su concepción de lo histórico, en la literatura popular de Irlanda se mantiene constantemente cierta ambigüedad entre lo que ha sido humano y lo que pasa -después de haber recorrido la etapa heroica- a integrar el mundo perenne de los extraterrestres o genios y hadas. Así, si los ciclos épicos de la literatura clásica gaélica comienzan describiéndonos los diferentes pueblos anteriores a la implantación definitva de los que hablaban el gaélico (los cuales son designados, en tanto que raza, como los hijos de Mile), de forma inconsciente comprendemos que son esos mismos protopobladores de la isla, los Dedannan y los Femoré, los que después de vencidos integraron el pueblo de la oscuridad; identificar los Tuatha Dedannan y los Sidhe no parece demasiado complicado, ya que siempre se insiste en el carácter supra-humano de las hazañas de estos hombres, vencideos por los hijos de Mile en el segundo encuentro sangriento de Mag Tured. Pero de manera más sutil, en episodios épicos que se suponen ciertamente ocurridos en épocas plenamente históricas, como los héroes de la corte del rey Conchobar o los Aillil y Maeva del Connacht, después de haber sido los fundadores de estados, de haberse consolidado en el país irlandés, pasan, según la creencia popular, a integrar esta naturaleza diferente de la humana, la de los Sidhe.

En cierto modo, se constituyen así como capas sucesivas de generaciones que se funden en un ultramundo dotado luego de leyes uniformes, pero donde quizá los que lo componen, según su manera de integración, tienen en él jerarquías diferentes. Si Aengus, por ejemplo, era ya un Sidhe y casi un dios cuando viene al mundo a proteger en su huida a Darmuid y a Greinné, en una época en que estos últimos eran mortales, ¿cómo imaginar que en el ultramundo tengan los mismos poderes y funcionen en el mismo plano los seres del Sidhe que derivan de Darmuid y de Greinné?

Es interesante, sobre esta transposición de los hechos heroicos de una raza hacia un "illo tempore" de extensiones y características esencialmente ambiguas, leer las excelentes investigaciones que introducen los trabajos mounumentales de H.M. y Nora K. Chadwick, bajo el título revelador de The Heroic Age. »

martes, 5 de octubre de 2010

Sobre los sueños y la muerte, M.L. von Franz (3)

Marie-Louise von Franz, Sobre los sueños y la muerte, Ed. Kairós, p. 85:
«Su sueño fue el siguiente:
"Yacían transversalmente en la entrada unos tubos de cemento de casi un metro, cuyo borde superior le presionaba dolorosamente sobre el estómago. Ella sabía que en realidad debía introducirse con la cabeza a través de los tubos para llegar a 'otro país'".
Con el "otro país" asoció al despertar un "país de enanos y espíritus", con el cual ya había soñado alguna vez. Según mi interpretación su sueño expresa lo siguiente: Los tubos parecen un camino del nacimiento a otra existencia. La soñadora debía atravesarlos de cabeza, igual que un niño cuando nace. Pero en el sueño ella yace "transversalmente", dado que su ocupación en los asuntos mundanos era como una traba para el oscuro paso. El país en el cual debía nacer es el "reino de los enanos y espíritus", que desde el punto de vista psicológico es lo inconsciente colectivo que siempre se encontró y se encuentra "bajo" nuestro mundo consciente, aún cuando no lo notemos.»

jueves, 16 de septiembre de 2010

Viaje a Ixtlán, Carlos Castaneda (6)

Carlos Castaneda, Viaje a Ixtlán, Ed. Fondo Cultura Económica, pp. 343-345:
«Aparté los ojos y vi un coyote que cruzaba el campo en trote calmoso. Estaba cerca del sitio donde yo creía haber vito al hombre. Recorrió unos cincuenta metros en dirección sur y luego se detuvo, dio la vuelta y empezó a caminar hacia mí. Di unos gritos para asustarlo, pero siguió acercándose. Tuve un momento de aprensión. Pensé que tal vez estaba rabioso y hasta se me ocurrió juntar piedras para defenderme en caso de un ataque. Cuando el animal estuvo a tres o cuatro metros de distancia, noté que no se hallaba agitado en forma alguna; al contrario, parecía tranquilo y sin temores. Amainó su paso, deteniéndose a un metro o metro y medio de mí. Nos miramos, y el coyote se acercó más aún. Sus ojos pardos eran amistosos y límpidos. Me senté en las rocas y el coyote se detuvo, casi tocándome. Yo estaba atónito. Jamás había visto tan de cerca a un coyote salvaje, y lo único que se me ocurrió entonces fue hablarle. Lo hice como si hablara con un perro amistoso. Y entonces me pareció que el coyote me respondía. Tuve una absoluta certeza de que había dicho algo. Me sentí confuso, pero no hubo tiempo de ponderar mis sentimientos, poruqe el coyote volvió a "hablar". No era que el animal pronunciase palabras como las que suelo escuchar en voces humanas; más bien yo "sentía" que estaba hablando. Pero no era tampoco la sensación qeu uno tiene cuando una mascota parece comunicarse con su amo. El coyote en verdad decía algo; transmitía un pensamiento y esa comunicación se producía a través de algo muy similar a una frase. Yo había dicho: "¿Cómo estás, coyotito?" y creí oír que el animal respondía: "Muy bien, ¿y tú?" Luego el coyote repitió la frase y yo me levanté de un salto. El animal no hizo ni un solo movimiento. Ni siquiera lo alarmó mi repentino brinco. Sus ojos seguían claros y amigables. Se echó y, ladeando la cabeza, preguntó: "¿Por qué tienes miedo?" Me senté frente a él y llevé a cabo la conversación más extraña que jamás había tenido. Finalmente, me preguntó qué hacía yo allí y le dije que había venido a "parar el mundo". El coyote dijo "¡Qué bueno!" y entonces me di cuenta de que era un coyote bilingüe. Los sustantivos y verbos de sus frases eran en inglés, pero las conjunciones y exclamaciones eran en español. Cruzó por mi mente la idea de que me hallaba en presencia de un coyote chicano. Eché a reír ante lo absurdo de todo eso, y reí tanto que casi me puse histérico. Entonces, la imposibilidad de lo que estaba pasando me golpeó de lleno y mi mente se tambaleó. El coyote se incorporó y nuestros ojos se encontraron. Miré los suyos fijamente. Sentí que me jalaban, y de pronto el animal se hizo iridiscente; empezó a resplandecer.»

jueves, 9 de septiembre de 2010

Viaje a Ixtlán, Carlos Castaneda (3)

Carlos Castaneda, Viaje a Ixtlán, Ed. Fondo Cultura Económica, p. 128:
«-Ya te dije: éste es un mundo extraño -dijo-. Las fuerzas que guían a los hombres son imprevisibles, pavorosas, pero su esplendor es digno de verse.
Dejó de hablar y me miró de nuevo. Parecía estar a punto de revelarme algo, pero se contuvo y sonrió.
-¿Hay algo que nos guía? -pregunté.
-Seguro. Hay poderes que nos guían.
-¿Puede usted describirlos?
-En realidad no; sólo llamarlos fuerzas, espíritus, aires, vientos o cualquier cosa por el estilo.»

miércoles, 25 de agosto de 2010

Kaidara, Amadou Hampâté Bâ


Amadou Hampâté Bâ, Kaidara, Ed. Kairós, pp. 17-18:
«Encontramos, en primer lugar, algunas de sus "emanaciones", especie de espíritus sobrenaturales que son como los "conducgtos de Gueno". Tek Kaidara el iniciador, Djedo-Dewal la maléfica; o los dioses autóctonos a los que se ofrecen sacrificios: Ham, Dom, Yer, etc. Hay, además, una infinidad de genios específicos de los elementos (genios del aire, de las olas, del fuego) o que sirven a alguno de los espíritus sobrenaturales (los genios de Kaidara) o también que, libres en la naturaleza, se las ingenian bien para ayudar a los hombres, bien para atormentarlos. Si se trata de un sueño agradable, habrá sido enviado por un genio bueno; si de un mal augurio, será obra de un genio maléfico. Están, por último, los genios asignados a funciones muy especializadas: los genios de la cocina, los genios de la caza, los genios del campo o los genios del ganado cuyo jefe esKumen.
»Todo ello da una "población oculta" sumamente densa que puebla el "país de la penumbra" donde viven los "ocultos" (sudibés), o espíritus invisibles pero sujetos a toda suerte de encarnaciones.
»Dicho país es el intermediario entre el "país de la claridad", donde viven los visibles de todas las especies, y el "país de la oscuridad profunda", morada de las almas de los muertos y los por nacer que no sólo alberga las de los humanos, sino también las almas de los animales y las plantas. Éstos son los tres países de los peules. Por eso, cuando, a modo de estribillo, nos hablan en el relato del "país de los enanos", se refieren precisamente al de la penumbra, y especialmente a la región ocupada por los yamanad-yudyu, los genios pigmeos servidores de Kaidara.

lunes, 23 de agosto de 2010

Una realidad aparte, Carlos Castaneda (3)

(Vaso íbero, joven cogiendo un carnassier por la lengua)
Carlos Castaneda, Una realidad aparte, Ed. Fondo Cultura Económica, pp. 288-289:
«-(...) Cuando un guerrero se ve en tales aprietos, sencillamente le vuelve la espalda al aliado sin pensarlo dos veces. Un guerrero no se entrega; por eso no puede morir del susto. Un guerrero permite que el aliado venga sólo cuando él ya está listo y preparado. Cuando es lo bastante fuerte para forcejar con el aliado, ensancha su abertura y va para afuera, agarra al aliado, lo tiene sujeto y le clava la vista exactamente el tiempo que necesita; luego hace los ojos a un lado y suelta al aliado y lo deja ir. Un guerrero, mi amiguito, es alguien que siempre manda.»

martes, 17 de agosto de 2010

Una realidad aparte, Carlos Castaneda (2)

Carlos Castaneda, Una realidad aparte, Ed. Fondo Cultura Económica, p. 262:
«Los espíritus de ojos de agua son propios de determinados sitios. El que llamé en tu ayuda es uno que yo conozco. Me ha ayudado muchas veces. Habita en aquella cañada. Cuando lo llamé en tu ayuda, no eras fuerte y el espíritu te dio duro. No era ésa su intención -no tienen ninguna- pero te quedaste allí tirado, muy débil, más debil de lo que yo suponía»

domingo, 15 de agosto de 2010

Una realidad aparte, Carlos Castaneda

Carlos Castaneda, Una realidad aparte, Ed. Fondo Cultura Económica, p. 51:
«- (...) Me gusta sentarme en parques y en terminales y observar. A veces localizo en el acto a un aliado; otras veces sólo puedo ver gente de verdad. Una vez vi dos aliados sentados en un autobús, lado a lado. Esa es la única vez en mi vida que he visto dos juntos.
»- ¿Tenía algún sentido especial que viera usted dos?
»Claro. Todo lo que hacen tiene sentido. De sus acciones un brujo puede, a veces, sacar su poder. Aunque un brujo no tenga aliado propio, mientras sepa ver puede manejar el poder observando las acciones de los aliados. Mi benefactor me enseñó a hacerlo, y durante años, antes de tener mi propio aliado, buscaba yo aliados entre las multitudes, y cada vez que veía uno eso me enseñaba algo.»

lunes, 2 de agosto de 2010

Job IV, 15-16

Job IV, 15-16:
«Un espíritu pasó, entonces, ante mi rostro, y se me erizaron todos los vellos de la carne. Se detuvo ante mí, pero no reconocí su semblante: una imagen se encontraba ante mis ojos.»
Extraído de La comunidad secreta, R. Kirk, p. 32.

domingo, 1 de agosto de 2010

La comunidad secreta, R. Kirk (3)

Robert Kirk, La comunidad secreta, Ed. Siruela, pp. 82-83:

«Nuestros industriosos y silenciosos compañeros también han sido llamados siths, o sea gente que se mantiene en paz y tranquila respecto a nosotros; por lo demás, muchos fueron los fantasmas que se aparecieron a los hombres que estaban en pos de esta Segunda Vista, con la misma forma y hablando de la misma manera que cuando estaban sometidos a un cuerpo y vivían entre nosotros, cuestión ésta que pertenece a la más antigua tradición -nuestros montañeses todavía distinguen entre sluagh saoghalta y sluagh sith, afirmando que las almas van al sith cuando salen [de los cuerpos]-. Muchos tesoros auténticos, así como asesinatos, fueron descubiertos por ánimas que abandonaban nuestro mundo, o debido a la gentileza de estos vecions aéreos nuestros.»

sábado, 31 de julio de 2010

La comunidad secreta, R. Kirk (2)

Robert Kirk, «Introducción Javier Martín Lalanda», dentro de La comunidad secreta, Ed. Siruela, pp. 19-20:
«(...) básicamente, proceden del folklore, como los yinns e ifrits de Oriente Próximo, o los goblins, brownies, imps o elfos del mundo anglosajón, cercanos a nuestros duendes, debiendo, por tanto, reserar para ellos el vocablo del que se derivó "feérico", o sea fairies, a pesar de ser intraducible al castellano, o "pueblo feérico", que, como hemos visto, engloba al de "hadas".
»En La Comunidad Secreta, Kirk trataba de demostrar, mediante la aportación de gran número de hechos aislados que cobran signficiación al estudiarse de manera conjunta, que no todas las visiones de las cosas sobrenaturales, feéricas, procedían del diablo, ni que tales seres sobrenaturales eran espíritus malignos, sino reales, aunque sólo fuesen vistos por personas que, además, poseían facultades o habilidades curativas -al estilo de los reyes de Inglaterra y Francia, capaces de curar la escrófula con una imposición de manos, hecho este último concienzudamente estudiado por Marc Bloch-, pues a lo largo de la misma se observa su especial empeño en evitar en lo posible toda relación diabólica, anteponiendo a lo que puediera haberse tomado por un reprobable olor a azufre el perfectamente legítimo del incienso pasado por agua bendita, o sea recurriendo no de manera directa a filósofos clásicos, neoplatónicosy herméticos, a los que conocía muy bien y que aparecen sin ser citados a lo largo de su trabajo, sino a los textos de las Sagradas Escrituras. Y es que los tiempos eran proclives a la caza de brujas, como lo prueba el hecho de que en 1692, poco después de que hubiera terminado La Comunidad Secreta, tendría lugar en las colonias, en Salem, la epidemia de brujería que el fanático Cotton Mathers sólo podría erradicar a sangre y, sobre todo, a fuego.»

miércoles, 28 de julio de 2010

La comunidad secreta, R. Kirk

Robert Kirk, La comunidad secreta, ed. Siruela, pp. 76-77:
«Sólo añadiré un caso más que le ocurrió a una joven doncella que vivía cerca del sitio en que yo había vivido anteriormente, y quien, en una noche, se aprendió una larga composición poética que le había sido repetida insistentemente por uno de nuestros despiertos y corteses espíritus, piadosa en parte, aunque supersticiosa en todo lo demás (dicho sea de paso, poseo un ejemplar), y que ninguna otra persona jamás había oído con anterioridad para haber podido repetírsela aparte del hecho de que aquella doncella hubiera sido incapaz de haberla compuesto por sí sola.»

lunes, 19 de julio de 2010

El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis, Eliade (4)

Mircea Eliade, El chamanismo y las técncias arcaicas del éxtasis, Ed. Fondo cultura Económica, p. 329:
«Después de la boda, el marido-espíritu de la chamana la visita regularmente y se queda con ella hasta el amanecer. Hasta llega a ocurrir que la lleve varios días a la selva, donde la alimenta de vino de palma. Cuando llega el momento, viene al mundo un niño y el padre-espíritu lo lleva cada noche a su mujer para que ella lo atienda. Pero su relación no es esencialmente sexual; el hecho importante es que el marido protector inspira e instruye a su joven esposa en sus sueños y que, cuando ella va a cumplir con sus funciones sagradas, él se sienta a su lado y le dice lo que debe hacer.»

lunes, 12 de julio de 2010

El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis, M. Eliade (3)

Mircea Eliade, El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis, Ed. Fondo Cultura Económica, pp. 97-98:
«Pero en América del Norte hay también otras "fuentes de poderes chamánicos" y asimismo otras clases de instructores, aparte de las almas de los muertos y los animales custodios. En la Gran Meseta se trata de un "hombrecito verde", que no mide arriba de dos pies, y que lleva arco y flechas. Vive en las montañas e hiere con sus dardos a los que hablan mal de él. El "hombrecito verde" es el espíritu custodio de los hombres-médico, de aquellos que se han hecho magos sólo mediante una ayuda sobrenatural. La concepción de un enano que otorga el poder o sirve de espíritu custodio está muy extendida, al oeste de las Montañas Rocallosas, en las tribus del "Plateau Group" (Thompson, Shushwap, etc) y en la California septentrional (Shasta, Atsugewi, Maidus septentrionales y Yuki).»

domingo, 11 de julio de 2010

El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis, M. Eliade (2)

Mircea Eliade, El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis, Ed. Fondo de Cultura Económica, pp. 55-56:
«Los Arunta conocen tres métodos para hacer hombres-médico:
»1º por los Iruntarinia, o "espíritus";
»2º por los Eruncha (esto es, los espíritus de los hombres Eruncha de los tiempos míticos Alchera), y
»3º por medio de otros hombres-médico.
»En el primer caso, el candidato se acerca a la entrada de una caverna y se duerme. Entonces llega un Iruntarinia, el cual "le arroja una lanza invisible, que le corta la nuca, le atraviesa la lengua haciéndole una ancha herida, y le sale por la boca". La lengua del candidato queda perforada; fácilmente se puede meter en el orificio el dedo meñique. Una segunda lanza le corta la cabeza, y la víctima sucumbe. El Iruntarinia lleva el cadáver al interior de la caverna, que se dice es muy profunda y donde se supone que los Iruntarinia viven en una claridad continua y junto a unas fuentes de aguas fresquísimas (en efecto, se trata del paraíso de los Arunta). En la caverna, el espíritu le arranca los órganos internos y le pone, en su lugar, otros nuevos. El candidato resucita, pero durante algún tiempo parece que está loco. Los espíritus Iruntarinia -invisibles para los que no son hombres-médico- lo llevan luego a su aldea. Las reglas de etiqueta le prohíben ejercer su oficio antes de que transcurra un año: si en ese tiempo cicatriza la perforación de la lengua, el candidato renuncia, porque sus virtudes mágicas parecen haber desaparecido. Durante este período aprende de otros hombres-médico los secretos del oficio, en especial cómo utilizar los pedazos de cuarzo (atnongara), que los Iruntarinia le incrustaron en el cuerpo.
»El segundo modo de hacer un hombre-médico es análogo al primero, con la diferencia de que los Eruncha, en vez de llevar al candidato a una caverna, lo arrastran con ellos debajo de la Tierra.»

miércoles, 5 de mayo de 2010

Infancia en Berlín hacia el 1900, Benjamin (2)



Epílogo de Klaus Wagner, Benjamin W., Infancia en Berlín hacia el 1900, Ed. Alfaguara, pp. 143-144:
«Incluso en las miniaturas delicadas y siniestras, Benjamin seguía siendo el custodio de la Filosofía, el príncipe de los duendes. Como un consuelo, el estallido de la desesperación descubre el país de las hadas, del cual se habla en una poesía apócrifa y atribuida a Hölderlin. Suena como el escrito de Benjamin, y él le tomó cariño:
Con rosas envuelven
la vida de los mortales
las hadas generosas;
se mueven y obran
en miles de formas,
ya feas, ya bellas.
Allí donde mandan
todo es risa, con flores
y verdor de esmaltes.
Su aula de topacios
soberbios y adornos
tiene de vasos de diamantes.
Los aromas de Ceilán
perfuman, eternos,
los aires de los jardines.
Las sendas, no de arena
sino de perlas, están cubiertas,
como suelen en estas tierras.
Desde Salomón, no llegó
al fantástico reino
ningún aeronauta.
Esto, en confianza, según figuras
en tumbas de momias,
me dijo un silfo.»

lunes, 3 de mayo de 2010

El hombrecillo jorobado, Walter Benjamin


Walter Benjamin, «El hombrecillo jorobado», Infancia en Berlín hacia 1900, Ed. Alfaguara, pp. 136-139:

«Cuando era pequeño me gustaba mirar durante los paseos por aquellas rejas horizontales que permitían colocarse delante de un escaparate incluso cuando se abría el escotillón que servía para proporcionar un poco de luz y aire a los tragaluces que se encontraban en las profundidades. Los tragaluces no daban afuera, sino, antes bien, a lo subterráneo. (...) Si de día lo intentaba en vano, podía ocurrir lo contrario por las noches, y era preso por miradas que me apuntaban. Gnomos con caperuzas las lanzaban. Pero apenas me había asustado hasta los tuétanos, cuando ya desaparecían. Para mí no había ninguna diferencia estricta entre el mundo que animaba esas ventanas durante el día y el otro que por las noches me asaltaba en mis sueños. (...)
» A mí me producía horror. El jorobado era de la misma casta. Sólo ahora sé cuál era su nombre. Mi madre me lo reveló sin saberlo. "El Torpe" te envía saludos, decía cuando había roto algo o me había caido. Y ahora comprendo de qué hablaba. Hablaba del hombrecillo jorobado que me había mirado. A quien este hombrecillo mira, no pone atención ni en sí mismo ni tampoco en el hombrecillo. Se encuentra sobresaltado ante un montón de pedazos. (...)
»Llevaba las de perder donde apareciera. Las cosas se sustraían hasta que, pasando el tiempo, el jardín se hubiera convertido en jardincillo, mi cuarto en cuartito y el banco en un banquillo. Se encogían y parecía que les crecía una joroba que las incorporaba por largo tiempo al mundo del hombrecillo. El hombrecillo se me adelantaba a todas partes. Atento, me atajaba el paso. Por lo demás, no me hacía nada, este genio protector gris, sino recaudar de cualquier cosa que tocaba el tributo del olvido. (...)
» Así encontré al hombrecillo muchas veces. Sin embargo, jamás lo vi. En cambio él me veía, y tanto más claro cuanto menos veía yo de mí mismo. Pienso que eso de "toda la vida" que dicen pasa ante los ojos del moribundo se compone de las imágenes que el hombrecillo tiene de todos nosotros. Pasan corriendo como esas hojas de los libritos de encuadernación prieta que fueron los precursores de nuestros cinematógrafos. Con una ligera presión, el pulgar pasaba por el canto; entonces aparecían por segundos unas imágenes que apenas se diferenciaban las unas de las otras. En su fugaz decurso se podía reconocer al boxeador en su faena y al nadador luchando con las olas. El hombrecillo tiene también imágenes de mí. Me vio en el escondrijo, delante de la piscina de la nutria, en la mañana de invierno, en el teléfono del pasillo, en el Brauhausberg con las mariposas, en el patinadero, con las charangas, delante del costurero, inclinado sobre mi cajón, en el Blumeshof y cuando estaba enfermo en la cama, en Glienicke y en la estación del ferrocarril. Ha terminado su labor. Sin embargo, su voz, que recuerda el zumbar de la mecha del gas, me sigue murmurando más allá del fin del siglo las palabras: "Hijo mío, te lo ruego, reza también por el hombrecillo".»

viernes, 9 de abril de 2010

El banquete, Platón

Platón, El banquete, Ed. Tecnos, pp. 53-54 (202 C- 203 B):
«—¿Qué cosa puede ser entonces el Amor? —le objeté—. ¿Un mortal?
—No, ni mucho menos.
—Entonces, ¿qué?
—Como en los casos anteriores —repuso—, algo intermedio entre mortal e inmortal.
—¿Qué, Diotima?
—Un gran genio (daimon), Sócrates, pues todo lo que es genio, está entre lo divino y lo mortal.
—¿Y qué poder tiene? —le repliqué yo.
—Interpeta y transmite a los dioses las cosas humanas y a los hombres las cosas divinas, las súplicas y los sacrificios de los unos y las órdenes y las recompnesas a los sacrificios de los otros. Colocado entre unos y otros rellena el hueco, de manera que el Todo quede ligado consigo mismo. A través de él discurre el arte adivinatoria en su totalidad, y el arte de los sacerdotes relativa a los sacrificios, a las iniciaciones, a los encantos, a la mántica toda y a la magia. La divinidad no se pone en contacto con el hombre, sino que es a través de este género de seres por donde tiene lugar todo comercio y todo diálogo entre los dioses y los hombres, tanto durante la vigilia como durante el sueño. Así, el hombre sabio con relación a tales conocimientos es un hombre "genial" y el que lo es en otra cosa cualquiera, bien en las artes o en los oficios, un simple menestral. Estos genios, por supuesto, son muchos y de muy variadas clases y uno de ellos es el Amor.»

martes, 30 de marzo de 2010

Ensayos sobre simbolismo

(Anima mundi, Thurneisser zum Thurn, Quinta Essentia, Leipzig, 1574)

W.B. Yeats, Ensayos sobre simbolismo, Ed. Langre:
«Creo en la práctica y en la filosofía de lo que de común acuerdo llamamos magia, en lo que debo llamar la evocación de espíritus, aunque no sepa lo que son, en el poder de crear ilusiones mágicas, en las visiones de la verdad en las profundidades de la mente cuando los ojos están cerrados; y creo en tres doctrinas que, a mi entender, han sido transmitidas desde los primeros tiempos, y que han sido los fundamentos de casi todas las prácticas de magia.
Estas doctrinas son:
(1) Que las fronteras de nuestra mente están cambiando sin cesar, y que muchas mentes pueden fluir, por decirlo así, de unas a otras y crear o revelar una sola mente, una sola energía.
(2) Que las fronteras de nuestras memorias están igualmente cambiando, y que nuestras memorias forman parte de una sola gran memoria, la memoria de la Naturaleza misma.
(3) Que esta gran mente y esta gran memoria pueden ser evocadas por medio de símbolos.»


jueves, 11 de marzo de 2010

El vedanta y la tradición occidental (2)

(Enano Vamana, quinto avatar de Vishnu, de un manuscrito iluminado de principios del XVIII)

Ananda K. Coomaraswamy, El vedanta y la tradición occidental, ed. Siruela, p. 134 (Nota 255):
«(...) Las facultades del alma son "elementales" (bhutah), y tienen por objeto los "elementos" (bhutani) o "minerales" (dhatavah). Bhutah, "seres", son igualmente duendes, trasgos (espíritus), hadas, o enanos, que pueden ser buenos o malos, no es extraño que con frecuencia se considere a esos seres, el Sidhe por ejemplo, como habitantes de "montículos encantados", o que se imagine a esos "pequeños seres" como enanos o gnomos que viven dentro de las montañas. El jefe y dirigente de estos Bergleute psíquicos, imaginados como enanos, es el Enano inmanente, Vamadeva, Vamana, el "Enano" entronizado en el centro a quien todos los dioses sirven"; los "dioses", según la ineludible explicación de Shankara, son las facultades del alma (visión, etc. es decir, los "soplos"), que rinden tributo a su jefe, el "Otro" del versículo 5, que es, más allá de toda duda, el "Soplo" central, como se dice explícitamente en Atharva Veda II.2.1. De esta manera, los enanos y gnomos de la tradición europea, que cavan en las montañas en busca de tesoros, son las imágenes y huellas proyectadas en el folclore de nuestras facultades elementales.»