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domingo, 24 de abril de 2011

El arte de la memoria, Frances Yates

Frances Yates, El arte de la memoria, Ed. Taurus, p. 424:
«Y es en este punto donde surge la cuestión que siempre nos ha eludido al estudiar los Sellos Brunianos de la memoria. ¿Eran estos fantásticos sistemas ocultistas de la memoria hechos deliberadamente impracticables e inescrutables a fin de velar un secreto? ¿Era el Fluddiano sistema de los veinticuatro teatros de la memoria zodiacales el elaborado estuche ingeniado deliberadamente para que encubriese su alusión al teatro del Globo ante todos salvo ante los iniciados, entre los que debemos suponer que se encontraba Jaime I?«»
Frances Yates, El arte de la memoria, Ed. Taurus, p. 426:

«El interrogante para el que no puedo dar una respuesta clara y satisfactoria es: ¿Qué fue la memoria ocultista? ¿Es que el cambio que va de la formación de similitudes corporales del mundo inteligible al esfuerzo por aprehender el mundo inteligible a través de tremendos ejercicios imaginativos cuales aquéllos a los que Giordano Bruno consagró su vida, estimulaba realmente la psique humana elevándola a una esfera de logros creadores e imaginativos más amplia de lo que nunca antes había sido? ¿Fue éste el secreto del Renacimiento, y expresa la memoria ocultista este secreto?»

domingo, 27 de febrero de 2011

El Arquitecto y el Emperador de Asiria, F. Arrabal


Fernando Arrabal, El cementerio de automóviles / El Arquitecto y el Emperador de Asiria, Ed. Cátedra, pp. 165-166:
«ARQUITECTO.-¿Apago?

EMPERADOR.-Haz lo que quieras.

ARQUITECTO.-Lo-lo-mil-lolooo-looo. (El cielo se oscurece ante las palabras del ARQUITECTO y llega la noche. Oscuridad total.)

VOZ DEL EMPERADOR EN LA OSCURIDAD.-¡Otra vez con tus bromas! Estoy harto... Haz que vuelva el día, que vuelva la luz. Aún no me he levado los dientes.

VOZ DEL ARQUITECTO.-Pero me habías dicho que hiciera lo que quisiera.

VOZ DEL EMPERADOR.-Todo lo que quieras, salvo que hagas la noche.

VOZ DEL ARQUITECTO.-Ya voy, hombre.

VOZ DEL EMPERADOR.-¡De prisa!

VOZ DEL ARQUITECTO.-¡Mi-ti-rrii-tiii! (Vuelve el día con la misma facilidad que se fue.)

EMPERADOR.-No me vuelvas a dar estos sustos.

ARQUITECTO.-Creí que querías dormir.

EMPERADOR.-No te metas tú en eso. Bastantes cosas tenemos que llevar nosotros mismos. Deja que la naturaleza se encargue del sol, de la luna.

ARQUITECTO.-¿Me enseñas por fin la filosofía?

EMPERADOR.-¿La filosofía? ¿Yo? (Sublime.) La filosofía... ¡Qué maravilla! Un día te enseñaré esa extraordinaria conquista humana. Ese invento maravilloso de la civilización. (Inquieto.) Dime, pero ¿cómo haces eso de hacer de noche y el día)

ARQUITECTO.-Pues nada, es muy sencillo. Ni sé cómo lo hago.

EMPERADOR.-¿Y esas palabras que mascullas...?

ARQUITECTO.-Las digo porque sí. Pero también la noche puede llegar sin esas palabras... Basta con que lo desee.»

martes, 8 de febrero de 2011

Guerra y guerra, L. Krasznahorkai (2)

László Krasznahorkai, Guerra y guerra, Ed. Acantilado, pp. 57-58:
«(...) eso es lo que le enseñó Hermes, el dios de los caminos nocturnos, el dios de la nocturnidad, de la noche cuyo poder, en presencia de Hermes, se extiende inmediatamente también al día, pues tan pronto como se presenta en un lugar, enseguida transforma el mundo humano, dejando en apariencia que el día sea día, reconociendo en apariencia el poder de sus compañeros olímpicos, permitiendo que todo transcurra, en apariencia, según los planes de Zeus, mientras que Hermes susurra a sus súbditos que esto no es del todo así, y los introduce entonces en la noche, les enseña el caos increíblemente complejo de los caminos, los enfrenta a lo repentino, lo inesperado, lo imprevisible y lo casual, con las difusas ventajas del riesgo y de la propiedad, de la muerte y de la sexualidad, en una palabra, expulsa a sus súbditos de la claridad de Zeus y los inicia en la oscuridad hermética (...)»

lunes, 7 de febrero de 2011

Guerra y guerra, L. Krasznahorkai

László Krasznahorkai, Guerra y guerra, Ed. Acantilado, p. 57:

«(...) lo cierto era que ocurrió, que se enteró de la existencia de Hermes, tal vez por el homno de Homero, tal vez por Kerényi, tal vez por el maravilloso Graves, quién sabía por cuál de ellos, dijo Korin, y ésa fue si se le permitía expresarlo así, la fase iniciática, a la que de inmediato siguió otra, la de la profundización, en la cual leyó única y exclusivamente la grandiosa e insuperable obra de Walter F. Otto, Die Götter Griechenlands (Los dioses de Grecia), concretamente el capítulo correspondiente en la traducción húngara, ¡qué quedó hecha jirones!, y a partir de ese momento la inquietud irrumpió en su vida, a partir de entonces las vio de otra manera, las cosas cambiaron (...)»

lunes, 13 de septiembre de 2010

El monje Laskaris, Gustav Meyrink

Gustav Meyrink, El monje Laskaris y otros relatos extraños y esotéricos, Ed. Valdemar, p. 211:
«O todo es pecado, o nada es pecado, todos los yos son un yo común: de esto se ha vuelto completamente consciente.
¿Dónde vive la mujer que no sea al mismo tiempo su hermana, cuyo amor terrenal no sea al mismo tiempo un crimen? ¿A qué animal, por pequeño que sea, puede matar sin cometer al mismo tiempo un matricidio y un suicidio? ¿Acaso es su propio cuerpo algo diferente a una herencia de miríadas de animales?
Nadie hay aquí que imponga el destino, excepto un gran yo que se refleja en innumerables yos; de un yo grande y pequeño, claro y turbio, malo y bueno, contento, triste y, sin embargo, sin quedar afectado por la alegría o el sufrimiento, al igual que el sol no se ensucia ni se arruga cuando se refleja en charcos o en olas espumosas, y que no desciende al pasado ni emerge del futuro, ya se agoten las aguas o manen nuevas por las lluvias; no hay nadie que imponga el destino que no sea ese yo grande y común: es la causa, la cosa misma, que es el origen primero.»

martes, 31 de agosto de 2010

Mallarmé, Brindis fúnebre por Teophile Gautier

Mallarmé, «Brindis fúnebre por Teophile Gautier», en Antología, Ed. Visor, p. 62:
«El espléndido genio eterno no da sombra.»

martes, 24 de agosto de 2010

Relatos fantásticos, Mircea Eliade


Mircea Eliade, Relatos fantásticos, Ed. Kairós, p. 98:

«Y, a pesar de ello, algo había de cierto en la comparación de usted, pero únicamente si contemplamos las cosas desde una perspectiva completamente diferente. El Espíritu está siempre camufalado en la Materia, pero su razón de ser allí (si está preso o se halla provisionalmente porque está activo y así sucesivamente) la sabrá más tarde. Por otra parte, éste es el Enigma, así, con mayúscula, al que nos tenemos que enfrentar todos, la adivinanza que se plantea de modo inexorable a todos los hombres: cómo reconocer al Espíritu si está camuflado en la Materia, es decir, si, en el fondo, es irreconocible. Y así somos también nosotros, todos nosotros, señor filósofo, no sólo indestructibles, como usted decía, sino también irreconocibles.»

martes, 16 de marzo de 2010

El Vedanta y la tradición occidental (6)

(Deidad Ardhanaishvara, unión de Shiva y Shakti)
Ananda K. Coomaraswamy, El Vedanta y la tradición occidental, Ed. Siruela, p. 267:
«La doctrina tántrica de la biunidad divina.
»"¿Dices, pues, Trismegisto, que Dios es de ambos sexos? (Hermes, Asclepio III. 21)
»En última instancia, toda tradición contempla a Dios como Identidad más allá del número y perfectamente simple; pero, al mismo tiempo, esa Identidad Suprema se entiende como identidad de dos principios contrastados, diferenciables en todas las cosas compuestas pero coincidentes sin composición en el Uno que no es ninguna "cosa". La identidad en cuestión lo es de esencia y naturaleza, Ser y No ser, Dios y Divinidad; podríamos decir, también, masculino y femenino. Natura naturans, Creatrix universalis est Deus (Sum. Theol.). Por otra parte, la división de esencia y naturaleza, Cielo y Tierra, sujeto y objeto, es una condición sine qua non de la existencia de las cosas compuestas, todas las cuales son, pero de formas diferentes y particulares.»
(Arte tantra nepalí)

viernes, 12 de marzo de 2010

El vedanta y la tradición occidental (3)

Ananda K. Coomaraswamy, El vedanta y la tradición occidental, Ed. Siruela, pp. 172-173:
«Se pone el énfasis en la idea de una actividad "pura" que puede describirse propiamente como "festiva", pues el juego se realiza, no como "trabajo", ordinariamente realizado con vistas a lograr algún objetivo esencial para el bienestar del que lo realiza, sino desinteresadamente; el trabajador trabaja por aquello de lo que tiene necesidad, el jugador juega a causa de lo que es. El trabajo es laborioso, el juego es fácil; el trabajo es agotador pero el juego es una actividad recreativa. La forma de vida mejor y más semejante a Dios es "jugar el juego". Y antes de terminar con estas consideraciones generales, debería comprenderse que en las sociedades tradicionales todos esos juegos y celebraciones o representaciones que ahora vemos como "deportes" y "espectáculos" meramenente seculares son, estrictamente hablando, "ritos" en los que sólo los iniciados pueden participar; en estas condiciones, la maestría o competencia no es nunca una mera destreza física, sino también una "sabiduría" (sophia, cuyo sentido básico es precisamente "pericia"). Y así los extremos se encuentran, el trabajo se convierte en juego y el juego en trabajo; en consecuencia, vivir es ver "la acción en la inacción y la inacción en la acción (Bhagavad Gita IV, 18), elevarse por encima de la batalla y así permanecer inafectado por las consecuencias de la acción.»

jueves, 11 de marzo de 2010

El vedanta y la tradición occidental (2)

(Enano Vamana, quinto avatar de Vishnu, de un manuscrito iluminado de principios del XVIII)

Ananda K. Coomaraswamy, El vedanta y la tradición occidental, ed. Siruela, p. 134 (Nota 255):
«(...) Las facultades del alma son "elementales" (bhutah), y tienen por objeto los "elementos" (bhutani) o "minerales" (dhatavah). Bhutah, "seres", son igualmente duendes, trasgos (espíritus), hadas, o enanos, que pueden ser buenos o malos, no es extraño que con frecuencia se considere a esos seres, el Sidhe por ejemplo, como habitantes de "montículos encantados", o que se imagine a esos "pequeños seres" como enanos o gnomos que viven dentro de las montañas. El jefe y dirigente de estos Bergleute psíquicos, imaginados como enanos, es el Enano inmanente, Vamadeva, Vamana, el "Enano" entronizado en el centro a quien todos los dioses sirven"; los "dioses", según la ineludible explicación de Shankara, son las facultades del alma (visión, etc. es decir, los "soplos"), que rinden tributo a su jefe, el "Otro" del versículo 5, que es, más allá de toda duda, el "Soplo" central, como se dice explícitamente en Atharva Veda II.2.1. De esta manera, los enanos y gnomos de la tradición europea, que cavan en las montañas en busca de tesoros, son las imágenes y huellas proyectadas en el folclore de nuestras facultades elementales.»

lunes, 1 de marzo de 2010

Shakespeare

Frances A. Yates, Giordano Bruno y la tradición hermética, Ed. Ariel filosofía:
«Estas imágenes de alabanza al amor son pronunciadas por el homónimo de Giordano Bruno, Berowne, en la comedia de Shakespeare Trabajos de amor perdidos. Una larga serie de autores, entre ellos yo misma, han sostenido que el personaje de Berowne es un eco de la estancia de Bruno en Inglaterra, pero ninguno de nosotros ha sabido qué buscar en tal comedia al no comprender en absoluto sobre qué tema podría estar hablando Bruno. Ahora me parece absolutamente claro que el discurso de Berowne sobre el amor hace referencia muy concreta al Spaccio della bestia trionfante, donde todos los dioes, en una de las constelaciones, se deshacen en alabanzas al amor. (...)
»Se impone, pues, un modo radicalmente nuevo de afrontar el problema de Bruno y Shakespeare. El problema es de una ntable complejidad y debe comportar el estudio, en relación con Bruno, de la profunda preocupación shakesperiana por emplear un lenguaje significativo, un lenguaje capaz de "apresar las voces de los dioses" -para usar una maravillosa expresión bruniana- que contrastara con el uso pedantesco y vacío del lenguaje. La imaginación de Shakespeare está preñada de caracteres mágicos, que muy a menudo parecen convertirse en vehículo de soluciones imaginativas a los problemas del mundo. ¿Acaso no fue Shakespeare quien creó la fiugra de Próspero, el inmortal mago benéfico fundador de un estado ideal? (Nota: se ha querido ver en Próspero una representación de la persona de John Dee. Tal vez sea cierto, pero tal como ya se ha indicado Dee y Bruno son dos variaciones sobre el tema renacentista de la magia y la cábala.) ¿Hasta qué punto la cncepción shakesperiana del papel del mago es deudora de la reformulación de Bruno acerca de tal cometido en relación a las desdichas de los tiempos presentes?»