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sábado, 20 de noviembre de 2010

Los nombres secretos de Walter Benjamin, G. Scholem

Gershom Scholem, Los nombres secretos de Walter Benjamin, Ed. Trotta, pp. 71-72:
«El ángel que Paul Klee evoca en su pintura era ciertamente enigmático, si bien enigmático de un modo completamente diferente que el ángel, digamos, de las Elegías de Duino y otros poemas, en los cuales el elemento judío del mensajero que trae consigo un mensaje se ha perdido por completo. En hebreo, efectivamente, la palabra para “ángel” es idéntica a la que se emplea para “mensajero” (mal’aj) (…) A esto se añadía para benjamín otra concepción de la tradición judía: la del ángel personal de cada ser humano, que representa su más secreto yo y cuyo nombre, sin embargo, permanece para él oculto. En figura de ángel, pero en parte también en la de nombre secreto, el yo celestial del ser humano (como el de todo lo creado) está tejido en una cortina que cuelga delante del trono de Dios. Este ángel ciertamente puede también entrar en oposición y en una relación de tensión con la criatura terrenal a la que debe acompañar.»

viernes, 17 de septiembre de 2010

Mitos, sueños y misterios, M. Eliade (7)

Mircea Eliade, Mitos, sueños y misterios, Ed. Grupo libro 88, pp. 151-152:
«A nosotros, herederos y beneficiarios de la gran revolución religiosa judeocristiana, las prescripciones de Yahvé nos parecen de un evidente buen sentido y nos preguntamos cómo los hebreos contemporáneos de Isaías han podido preferir el culto del Dios Macho y Fecundador al infinitamente más puro y simple de Yahvé. Pero es preciso no olvidar que esas epifanías elementales de la vida, que no han cesado de atraer a los hebreos, constituían verdaderas experiencias religiosas. El paganismo al que retornaban periódicamente los hebreos representaba la vida religiosa de todo el Oriente antiguo: era una gran y muy antigua religión, dominada por las hierofonías cósmicas y que exaltaba, por consiguient la sacralidad de la vida. Esta religión, cuyas raíces penetran hondamente en la protohistoria del Oriente, reflejaba el descubrimiento de la sacralidad de la vida, la toma de conciencia de la solidaridad que une el Cosmos con el hombre y con Dios. Los numerosos y sangrientos sacrificios que repugnaban a Yahvé, y que los profetas no dejan de combatir, aseguran la circulación de la energía sagrada entre las distintas regiones del Cosmos; gracias a este cricuito, la Vida total logra mantenerse.»

viernes, 13 de agosto de 2010

El fruto de la nada, Maestro Eckhart (5)

Maestro Eckhart, El fruto de la nada, Ed. Siruela, pp. 161-162:
«¿Cómo puede ser él una luz, si es incomprensible?, y respondo: precisamente porque es incomprensible es por lo que es una luz. Y por otro lado digo: la incomprensibilidad es una luminosidad y [ésta] es tan abierta proque su incomprensibilidad está vertida sobre su infinitud. Al haber sido vertida su infinitud sobre su simplicidad y sobre su pureza, eso hace que en Dios haya una luminosidad. Por eso es correcto decir que Dios es una luz. Aquí tienes que saber que, gracias a la luz divina, la perspectiva de esta verdad no se aprende en la escuela en los ejercicios de las criaturas, sino que se aprende en la escuela de todas las renuncias y de la separación de las criaturas. En esa enseñanza el cielo debe ser la escuela, el libro debe ser un corazón puro, la lección debe ser la eternidad, el maestro debe ser la luz increada y también la verdad. Es lo que creía David cuando dijo: "Oh Dios, en tu luz vemos la luz" [Sab 35, 10].»

jueves, 12 de agosto de 2010

Segunda epístola a los corintios

[2 Cor 3, 18], tomada de El fruto de la nada, del Maestro Eckhart, p. 55.
«Seremos transfigurados completamente y transformados.»

miércoles, 11 de agosto de 2010

El fruto de la nada, Maestro Eckhart (4)


Maestro Eckhart, El fruto de la nada, Ed. Siruela, p. 80:

«Por eso soy la causa de mí mismo según mi ser, que es eterno, no según mi devenir, que es temporal. Y por eso soy no nacido y en el modo de mi no haber nacido no puedo morir jamás. Según el modo de mi no haber nacido he sido eterno y lo soy ahora y lo seré siempre. Lo que soy según mi nacimiento debe morir y aniquilarse, pue ses mortal; por eso debe desaparecer con el tiempo. En mi nacimiento [eterno] nacieron todas las cosas y yo fui causa de mí mismo y de todas las cosas.»

domingo, 8 de agosto de 2010

El fruto de la nada, Maestro Eckhart (3)

Maestro Eckhart, El fruto de la nada, Ed. Siruela, p. 50:

«¿Qué te perjudica que permitas a Dios ser Dios en ti? Sal totalmente de ti, por la voluntad de Dios, y Dios saldrá totalmente de si por voluntad tuya. Cuando ambos salen de sí mismos, lo que queda es un uno simple. En ese uno engendra el Padre a su Hijo en la fuente más íntima. Allí florece del Espíritu Santo y allí surge en Dios una voluntad que pertenece al alma. Mientras la voluntad no es afectada por todas las criaturas, y por todas las cosas creadas, es libre. Cristo dijo: "Nadie llega al cielo que no venga del cielo" [Jn 3, 13]»

jueves, 5 de agosto de 2010

El fruto de la nada, Maestro Eckhart (2)

Maestro Eckhart, El fruto de la nada, Ed. Siruela, p. 106:
«Uno llega a ser dos, dos es uno; luz y espíritu, esos dos son uno, envueltos de luz eterna.»

miércoles, 4 de agosto de 2010

El fruto de la nada, Masestro Eckhart

Masetro Eckhart, El fruto de la nada, Ed. Siruela, p. 100:

«¿Qué significa que un escrito silencia la palabra "yo"? En primer lugar se refiere a la inefabilidad de Dios, que Dios es innombrable y que está más allá de toda palabra en la pureza de su fondo, en donde Dios no puede contener ninguna palabra ni discurso, en donde es inefable e indecible para todas las criaturas. Por otro lado quiere decir que [también] el alma es inefable y sin palabras; cuando se la comprende en su propio fondo, entonces es indecible e innombrable y allí no puede tener ninguna palabra, pues allí está más allá de todo nombre y palabra. Eso quiere decir cuando es silenciada la palabra "yo", pues allí no encuentra ni palabra ni discurso.»

lunes, 2 de agosto de 2010

Job IV, 15-16

Job IV, 15-16:
«Un espíritu pasó, entonces, ante mi rostro, y se me erizaron todos los vellos de la carne. Se detuvo ante mí, pero no reconocí su semblante: una imagen se encontraba ante mis ojos.»
Extraído de La comunidad secreta, R. Kirk, p. 32.

sábado, 10 de julio de 2010

Evangelio San Juan

(San Juan Evangelista, Greco)

Evangelio San Juan (12, 24):
«Si el grano de trigo cae en la tierra y no muere, no da fruto; pero si muere, da mucho fruto.»

miércoles, 17 de marzo de 2010

El Vedanta y la tradición occidental (7)

Ananda K. Coomaraswamy, El Vedanta y la tradición occidental, Ed. Siruela, pp 295-296:
«(...) las referencias de un representante de los principios cristianos ortodoxos, que escribe a finales de la Edad Media y que, por decirlo así, resume la doctrina medieval, puede ser realmente clarificada mediante la comparación con las escrituras que tres milenios antes estuvieron vigentes en la otra mitad del mundo; y que esto sólo puede explicarse admitiendo que todas esas "formulaciones alternativas de una doctrina común" (dharma-paryaya) son "dialectos de la lengua única del espíritu", ramas de la misma "tradición unánime y universal", sanatana dharma, Philosophia Perennis, "Sabiduría increada, la misma ahora que fue siempre, y siempre será" de San Agustín (Confesiones IX.10).»

lunes, 15 de marzo de 2010

El Vedanta y la tradición occidental (5)

Ananda K. Coomaraswamy, El Vedanta y la tradición occidental, Ed. Siruela, pp 179-181:
«Nuestra parte divina, nuestro Sí real, o "Alma del alma", es el espectador impasible del destino de los vehículos psicofísicos, que evidentemente no está "interesado" ni implicado en sus vicisitudes y nos las toma en serio, del mismo modo que un aficionado al teatro no se toma en serio los personajes del escenario y, si lo hace, difícilmente se podrá decir que está contemplando la obra, sino que más bien estará implicado en ella. Es con esta parte más elevada de nosotros con la que nos identificamos si "sabemos quiénes somos", y es sin duda en ella en la que piensa Platón cuando dice en más de una ocasión que "los asuntos humanos no deben ser tomados muy seriamente", y es también en este sentido en el que se nos pedirá "no pensar en el mañana" (Mt 6, 34).
»No debemos confundir esa falta de "interés" con lo que de ordinario se entiendo por "apatía" ni con la inercia que se supone debe ser la consecuencia de esa ataraxia. Lo que realmente implica la "apatía" es, desde luego, una independencia de toda motivación derivada del placer y del dolor; esto no excluye la idea de una actividad, sino solamente la de una actividad impuesta por condiciones que no hemos elegido. (...) Somos conscientes de que un hombre de estado desinteresado será mejor gobernante que otro con "intereses" particulares que favorecer; "la tiranía es la monarquía que gobierna en interés del monarca" (Aristóteles, Política III.5). El buen actor es aquel para quien "lo importante es la obra", pero no el que ve en ella una oportunidad para exhibirse. El médico llama a otro médico para operar a algún miembro de su familia, precisamente porque un extraño estará menos "interesado" en el destino de su esposa o de su hijo, y por tanto será más capaz de jugar esa partida con la muerte (...)

»Es cierto que podemos perder si no hacemos trampas: pero el verdadero objetivo del juego es que no juguemos solamente para ganar, sino para representar nuestro papel, determinado por nuestra propia naturaleza, y que nuestro único interés sea jugar bien, sin tener en cuenta el resultado, que no podemos conocer de antemano. "Controlamos solamente la acción, pero no sus frutos; por tanto, no permitas que el fruto de la acción sea tu móvil, ni vaciles al actuar (Bhagavad Gita II. 47). "Las batallas se pierden con el mismo espíritu que se ganan" (Whitman); la victoria depende de numerosos factores que están más allá de nuestro control y no debemos preocuparnos de aquello de lo que no somos responsables.
»La actividad de Dios se llama "juego" precisamente porque se supone que él no tiene fines particulares que perseguir; en este mismo sentido, nuestra vida puede ser "jugada", y, en la medida en que la mejor parte de nosotros está en juego, sin depender de él, la propia vida se converte en juego. Llegados a ese punto, no distinguimos ya el juego del trabajo.»

miércoles, 10 de marzo de 2010

El Vedanta y la tradición occidental

Ananda K. Coomaraswamy, El Vedanta y la tradición occidental, Ed. Siruela, pp. 22-23:

«Pensemos que el "campo" es el círculo o circo del mundo, que el trono del Espectador, el Hombre Universal, se levanta en su centro, y que con su mirada aquilina abarca en todo momento el conjunto del campo (igualmente antes y después de la actualización de cualquier acontecimiento particular), de manera que desde su punto de vista todos los acontecimientos están sucediendo siempre. Debemos transferir nuestra conciencia de ser desde nuestra posición en el campo donde se desarrolla la acción hasta el pabellón donde el Espectador, del que depende toda la representación, está cómodamente sentado.
» Pensemos que los rayos visuales por los que el Espectador está unido a cada actor, y según los cuales cada actor podría mirar hacia arriba (hacia dentro) al Espectador si tuivera suficiente capacidad de visión, son las líneas de fuerza, los hilos con los que el titiritero mueve las marionetas para sí mismo (que es toda la audiencia). Cada una de las marionetas-actores está convencida de su propia existencia independiente y de ser una entre otras, a las que ve en su entorno inmediato y a las que distingue por su nombre, apariencia y comportamiento. El Espectador no ve, y no puede ver, a los actores como ellos se ven a sí mismos, imperfectamente, sino que conoce el ser de cada uno como realmente es, es decir, no como alguien meramente activo en una posición local dada, sino simultáneamente en cada punto a lo largo de la línea de fuerza visual por la que la marioneta está unida a él, y principalmente en ese punto en el que todas las líneas convergen y donde el ser de todas las cosas coincide con el Ser en sí mismo. Allí, el ser de las marionetas subsiste como una razón eterna en el Intelecto eterno, llamado también Sol Celestial o Supremo, Luz de luces, Espíritu y Verdad.
» Supongamos ahora que el Espectador duerme: cuando cierra los ojos el universo desaparece, para reaparecer solamente cuando los abre de nuevo (...) para el Espectador central no hay sucesión de acontecimientos. Está siempre despierto y siempre dormido; a diferencia del marinero que a veces se sienta y pensa y a veces no piensa, nuestro Espectador se sienta y piensa y no piensa, ahora-siempre.
» Hemos trazado un esquema del cosmos y su "Ojo" vigilante. Sólo me falta añadir que el campo está dividido por una serie de vallas concéntricas cuyo número podemos considerar de veintiuno, aunque este número pueda ser variable. El Espectador se encuentra en el recinto o nivel vigésimoprimero contando a partir de la valla más exterior, que es la que define nuestro entorno. La actividad de cada actor o comparsa está limitada a las posibilidades ofrecidas por el espacio comprendido entre dos vallas sucesivas.»