jueves, 13 de enero de 2011

Calle de dirección única, Walter Benjamin

Walter Benjamin, «Calle de dirección única», en Obras, libro IV, vol. 1, Ed. Abada, p. 58:
«Aquel que contempla la salida del Sol despierto y vestido (durante el curso de una excursión, por ejemplo) conserva durante el día frente a todos la gloria del que ha sido invisiblemente coronado. Y aquel que haya visto la salida del Sol mientras trabaja se siente a mediodía como si él, por sí mismo, se hubiera puesto la corona»

viernes, 7 de enero de 2011

México y Viaje al país de los tarahumaras, A. Artaud


Artaud A., México y Viaje al país de los tarahumaras, Ed. Fondo de cultura económica, p. 55:
«[Artaud] Constata el caótico fluir de ideas y doctrinas en México, que demuestra para él un dinamismo revolucionario, pero lo que crítica es que ese dinamismo no esté encaminado o se concentre en la fuerza de lo primitivo que conduce a un reencuentro con el mito, centro prístino de la verdad. Alcanzar el mito es la revolución y no plantear las necesidades inmediatas del hombre»

lunes, 27 de diciembre de 2010

"Las afinidades electivas" de Goethe, W. Benjamin

Walter Benjamin, «"Las afinidades electivas" de Goethe», dentro de Obras, Libro I, volumen 1 ed. Abada, pp. 208-209:
«Porque la belleza no es apariencia, no es velo que cubra toda la cosa. Como tal, ella misma no es fenómeno, sino absolutamente esencia, y una por supuesto que sólo sigue siendo esencialmente igual a sí misma bajo el velamiento. Por eso la apariencia quizá sea un engaño en cualquier otra parte, más la apariencia bella es el velo ante lo necesariamente más velado. Por cuanto lo bello no es ni ese velo ni el objeti velado, sino que es el objeto en su velo. Pero éste, desvelado, se mostraría infinitamente inaparente. Aquí se funda la antiquísima opinión de que en el desvelamiento se transforma lo velado, y que se mantendrá “igual a sí mismo” solamente bajo el velamiento. Respecto a todo lo bello, en consecuencia, la idea del desvelamiento se convierte en la idea de la indesvelabilidad, que es la idea de la crítica de arte. Así, ésta no debe alzar el velo, ya que sólo mediante su más preciso conocimiento como velo podrá por fin alzarse a la verdadera contemplación de lo que es bello. (…) Nunca se ha comprendido todavía una verdadera obra de arte, sino cuando de modo ineluctable se la ha presentado como misterio. Ya que no de otro modo cabe definir ese objeto al que, en última instancia, el velo es esencial. Como sólo lo bello y nada fuera de él, velante y velado, puede ser esencial, la divina razón de ser de la belleza reside en el misterio»

lunes, 6 de diciembre de 2010

La sabiduría del bosque, Antología de las principales Upanisads

V.V.A.A., La sabiduría del bosque. Antología de las principales Upanisads, Ed. Trotta, p. 36
«En la tradición védica, brahmánica y upanishádica hay un sentido profundo de adoración de la palabra en sí. Vac, Palabra o Verbo, es en sí la esencia de la revelación, la revelación y lo revelado, la creación y el objeto creado. Como concepto y expresión reveladora y revelada, creadora y creada, es el proceso evolutivo-involutivo de todo el universo.»

martes, 30 de noviembre de 2010

El mito del eterno retorno, M. Eliade (2)


Mircea Eliade, El mito del eterno retorno, Ed. Alianza, pp. 95-96:

«El Dios -como tantas veces el "justo", el "inocente"- sufría sin ser culpable. Se le humillaba, se le golpeaba hasta sangrar, encerrado en un "pozo", es decir, en el infierno. Ahí es donde la Gran Diosa (o, en las versiones tardías y gnósticas, un "mensajero") le visitaba, le daba valor y le resucitaba. Ese mito tan consolador del sufrimiento del dios tardó mucho en desaparecer de la conciencia de los pueblos orientales. El profesor Geo Widengren, por ejemplo, cree volver a encontrarlo entre los prototipos maniqueístas y mandeanos»

sábado, 20 de noviembre de 2010

Los nombres secretos de Walter Benjamin, G. Scholem

Gershom Scholem, Los nombres secretos de Walter Benjamin, Ed. Trotta, pp. 71-72:
«El ángel que Paul Klee evoca en su pintura era ciertamente enigmático, si bien enigmático de un modo completamente diferente que el ángel, digamos, de las Elegías de Duino y otros poemas, en los cuales el elemento judío del mensajero que trae consigo un mensaje se ha perdido por completo. En hebreo, efectivamente, la palabra para “ángel” es idéntica a la que se emplea para “mensajero” (mal’aj) (…) A esto se añadía para benjamín otra concepción de la tradición judía: la del ángel personal de cada ser humano, que representa su más secreto yo y cuyo nombre, sin embargo, permanece para él oculto. En figura de ángel, pero en parte también en la de nombre secreto, el yo celestial del ser humano (como el de todo lo creado) está tejido en una cortina que cuelga delante del trono de Dios. Este ángel ciertamente puede también entrar en oposición y en una relación de tensión con la criatura terrenal a la que debe acompañar.»

domingo, 14 de noviembre de 2010

El mito del eterno retorno, Mircea Eliade

Mircea Eliade, El mito del eterno retorno, Ed. Alianza, p. 15:
«Pasaremos ahora a los actos humanos, naturalmente a los que no dependen del puro automatismo; su significación, su valor, no están vinculados a su magnitud física bruta, sino a la calidad que les da el ser reproducción de un acto primordial, repetición de un ejemplar mítico. La nutrición no es una simple operación fisiológica; renueva una comunión. El casamiento y la orgía colectiva nos remiten a prototipos míticos; se reiteran porque fueron consagrados en el origen (“en aquellos tiempos”, ab origine) por dioses, “antepasados” o héroes.
En el detalle de su comportamiento consciente, el “primitivo”, el hombre arcaico, no conoce ningún acto que no haya sido planteado y vivido anteriormente por otro, otro que no era un hombre. Lo que él hace, ya se hizo. Su vida es la repetición ininterrumpida de gestos inaugurados por otros.»